# Estamos arruinando internet para que las máquinas puedan leerlo

> Estoy en un dilema operativo. Trabajo en Floe, antes Scarlett (hacemos chatbots con IA propia y optimizadores de AISO/GEO). Nuestro producto analiza cómo las inteligencias artificiales ven, interpretan y recomiendan un sitio web. Eso me obliga a estudiar AISO, GEO, AEO, recuperación semántica, embeddings, crawlers y cada nueva receta que promete mejorar la visibilidad dentro…

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- Author: Juan Cufré

- Published: 2026-08-08T17:53:00+00:00

- Modified: 2026-08-08T17:49:47+00:00

Estoy en un dilema operativo.

Trabajo en Floe, antes Scarlett (hacemos chatbots con IA propia y optimizadores de AISO/GEO). Nuestro producto analiza cómo las inteligencias artificiales ven, interpretan y recomiendan un sitio web. Eso me obliga a estudiar AISO, GEO, AEO, recuperación semántica, embeddings, crawlers y cada nueva receta que promete mejorar la visibilidad dentro de ChatGPT, Claude, Gemini y otros asistentes, el nuestro incluído.

Cuanto más investigo, más amargo me resulta el camino que está tomando esta industria.

La IA generativa ya participa en una parte creciente de las decisiones de consumo. Una persona pregunta qué software contratar, qué hotel elegir, qué profesional consultar o qué producto comprar. El sistema busca información, recupera fragmentos, evalúa fuentes y construye una respuesta. En pocos segundos decide qué empresas existen dentro de esa conversación.

A partir de ahí apareció esta nueva disciplina dedicada a conseguir que las marcas sean comprendidas y citadas por estos sistemas. La nuestra, enfoca en otro ángulo relacionado a que sepa defender tu producto. Ojo, no te quiero vender, seguime un poco más.

La mayoría de sus recomendaciones conducen al mismo lugar. Textos más cortos. Respuestas directas. Viñetas. Tablas. Comparaciones. Preguntas frecuentes. Definiciones autocontenidas. Repetición de entidades. Párrafos preparados para sobrevivir cuando un crawler los separe de su contexto. El resultado se reconoce de inmediato.

Entrás a una web y sentís déjà vu. Cambia el logo, cambia el color, cambia el nombre del producto. La voz es la misma. La estructura es la misma. El ritmo es el mismo. Todo parece escrito por una inteligencia artificial que intenta explicarle algo a otra inteligencia artificial.

Estamos empezando a deformar la comunicación humana para adaptarla a las limitaciones de una etapa técnica de recuperación. Debería preocuparnos.

Durante años les pedimos a las marcas que encontraran una voz propia. Les dijimos que contaran historias, que transmitieran una visión, que construyeran una identidad reconocible y que generaran una relación emocional con su audiencia. Ahora llega un crawler, corta esa historia en fragmentos, convierte cada fragmento en una representación matemática y premia aquello que conserva significado después del corte.

La reacción de la industria consiste en preparar el contenido para ser cortado.

Cada párrafo tiene que explicar quién habla, qué vende, para quién, por qué y bajo qué condiciones. Cada idea tiene que funcionar aislada. Cada página debe repetir el contexto que las demás páginas ya contienen. La narrativa pierde continuidad. El lenguaje pierde tensión. La curiosidad pierde espacio. La personalidad queda subordinada a la recuperabilidad.

El costo lo paga el lector. **Que, paradójicamente, es el que hace clic en el enlace que su chatbot le sugiere y termina navegando el sitio de todos modos.**

Una persona no lee una página como un sistema de recuperación. Percibe ritmo, intención, sorpresa, credibilidad, humor, contradicciones humanas y pequeños detalles que construyen confianza. Una marca puede ser recordada por una frase extraña, una historia honesta o una manera singular de describir un problema.

Esos elementos son difíciles de convertir en una respuesta breve y autosuficiente. También son los elementos que hacen que alguien sienta algo.

**Y si no siente, difícilmente recuerde.** Si no recuerda, la compra queda reducida a una lista de características y precios. Mis propias investigaciones sobre inteligencia sintética emocional ya sostienen hipótesis de que las emociones son nuestro “índice de los recuerdos”. ¿Me entendés cuando te digo que sin emociones no se nos “pega” una marca a la cabeza?

¡La homogeneización ya está ocurriendo! Muchos artículos corporativos parecen variaciones del mismo documento. Las introducciones anuncian que el mundo cambia rápidamente. Los cuerpos enumeran beneficios. Las conclusiones invitan a dar el siguiente paso. Las comparaciones repiten fórmulas previsibles. Las palabras transmiten información y dejan muy poco detrás.

La eficiencia semántica se está convirtiendo en monotonía cultural.

Los sistemas de recomendación tienden a concentrarse en un grupo pequeño de fuentes. Citan dominios conocidos, marcas con mucha presencia, páginas fáciles de procesar y contenido que confirma patrones ya registrados. Cientos de empresas pueden ofrecer algo valioso. La respuesta termina mostrando tres o cuatro.

Una recomendación generativa tiene poco espacio. El modelo necesita reducir incertidumbre. Las fuentes conocidas representan una decisión segura. La popularidad alimenta visibilidad y la visibilidad vuelve a alimentar popularidad. Veo un vicio en eso.

Una empresa pequeña queda atrapada en un requisito circular: necesita ser conocida para aparecer y necesita aparecer para ser conocida.

La receta que recibe consiste en producir más contenido optimizado. Publicar más definiciones. Crear más páginas. Responder más preguntas. Repetir de forma más explícita qué hace y para quién lo hace.

Internet, entonces, se llena de material diseñado para aumentar la probabilidad de entrar en un contexto de recuperación. El volumen crece. La variedad real se achica.

También aparece una desigualdad operativa. Las empresas con equipos de contenido, consultores y herramientas pueden generar cientos de piezas adaptadas a cada consulta. Un emprendimiento con una propuesta excelente y una página escrita con una voz genuina queda en desventaja porque su contenido requiere contexto, interpretación y lectura completa.

La máquina premia lo que le resulta fácil de procesar. La industria empieza a confundir esa facilidad con calidad.

#### Me cuesta aceptar que éste sea el futuro inevitable de la web.

Me cuesta aceptar que una historia deba transformarse en un inventario de afirmaciones para ser encontrada. Me cuesta aceptar que una empresa deba sonar como un chatbot para que un chatbot comprenda qué hace. No quiero aceptar que una tecnología creada para interpretar lenguaje termine empujándonos a simplificarlo hasta volverlo predecible.

*También me preocupa nuestro papel como industria.*

Las herramientas AISO podemos terminar auditando sitios según las limitaciones actuales de los recuperadores y presentando esas limitaciones como reglas universales de comunicación. Podemos convertir defectos técnicos temporales en obligaciones permanentes para millones de autores.

Eso sería una irresponsabilidad.

Mi opinión es lisa y llanamente esto: **estamos optimizando el lado equivocado del sistema.**

Estamos aceptando demasiado rápido que la web debe acomodarse a la forma en que las máquinas fragmentan, representan y recuperan información. Estamos normalizando una degradación expresiva porque resulta medible. **Estamos llamando “contenido de calidad” al contenido que atraviesa mejor un pipeline.**

Una métrica de recuperabilidad nunca va a medir el estremecimiento que produce una buena frase. Tampoco va a explicar por qué alguien confía en una marca, recuerda una historia o siente que una empresa entiende su vida.

Todavía no quiero presentar una solución. Primero quiero manifestar el problema con toda su gravedad.

> Si seguimos por este camino, las inteligencias artificiales tendrán cada vez más contenido preparado para responder y cada vez menos cosas verdaderamente interesantes para decir.

Una web perfectamente legible por máquinas puede convertirse en una web que ya no valga la pena leer.
